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Entrañable despedida al Hermano Julio

 

Los que han compartido su tiempo con él hablan de su "eterna sonrisa". Dará un nuevo paso en su vida al ser destinado al Hospital de Santa Agueda (Mondragón), tras sus anteriores etapas en Palencia (95-97), Gijón (98-2.000), Sucre en Bolivia, la más extensa, para posteriormente pasar por el Albergue Santa María de la Paz en Madrid hasta su llegada a Santa Clotilde en julio de 2011.

Por sorpresa, porque sin duda la humildad del Hermano, nacido en la localidad palentina de Ampudia lo habría impedido, la plantilla, comité de dirección y Comunidad de Hermanos del Hospital quiso despedirle con un emotivo acto.

El Director Gerente Andrés Muñoz, tras agradecer su labor profesional como auxiliar de enfermería en las Unidades de Recuperación Funcional y Cuidados Paliativos, destacó, aún más, "las sonrisas regaladas, junto a la aportación personal y humana en los cuidados enfermeros, algo que no tiene precio", dijo. El Hermano Julio, "hombre de pocas palabras" -como se definió él mismo- escogió el pasaje del capítulo 17, versículo 10 del evangelio de  San Lucas para resumir lo que sentía en esos momentos: "Cuando hayáis hecho cuanto os han mandado, decid: Somos siervos inútiles, sólo hemos cumplido nuestro deber”.

Aquellas compañeras que convivieron más de cerca con él recordaron algunas anécdotas jocosas de su etapa y ese famoso "pero...." con el que acompañaba cada una de sus explicaciones, destacando, por encima de todo, "su carácter de buena persona y compañero". No quisieron dejar la oportunidad para hacerle varios regalos.

El Hermano Julio, pese a la tristeza por abandonar Santa Clotilde "un centro carismático, donde se vive el espíritu de San Juan de Dios", prefiere mirar "hacia el futuro, pese a ser la despedida casi de una familia, aunque me haya ayudado a madurar en el espíritu y en la fuerza", decía convencido.